Existen muchos tipos de cine de terror, pero es evidente desde hace ya una serie de años, que los españoles parecemos estarnos convirtiendo en unos auténticos expertos de categoría internacional. En este caso Nacho Cerdá, en su primer largo como director (quien lo diría) después de unos apabullantes cortos nos ofrece una muestra de terror en estado puro.
Aprovechándose de unas localizaciones absolutamente impresionantes, con Bulgaria ejerciendo de Rusia, y una creación atmosférica absolutamente increíbles el resto casi viene rodado si se le pone una buena historia en el envoltorio. Magnífico trabajo de fotografía en una casa sin luces, con los juegos de linternas y la oscuridad que rodea a la casa y que se encuentra en su interior. Es más, genialmente aprovechado ese juego de luces junto con los efectos visuales para ofrecernos algunos momentos desasosegadotes mientras ante nuestro ojos vemos como la historia que paso 40 años antes empieza a volverse a reproducir.
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