La biografía del pintor venezolano Armando Reverón no es una historia de final feliz, pero, como toda historia de individuos excepcionales, es realmente estimulante. Reverón fue quizá el artista plástico más destacado del siglo XX en Venezuela.
De tendencias impresionistas, consiguió el título el maestro de la luz tropical, ya que gran parte de su obra presenta una insaciable obsesión con la luz. Como homenaje a este, nuestro gran pintor, se estrenó el pasado mes de mayo en Venezuela la más reciente película del director venezolano Diego Rísquez, titulada Reverón.
La historia se concentra entre 1924 y 1954, etapa en la que el pintor se radica en la costa caribeña del estado Vargas, La Guaira. Luego de haber estudiado arte en Caracas y Europa, decide refugiarse en el indeterminado espacio del El Castillete, nombre atribuido a su vivienda, en el pueblo de Macuto. La película construye armoniosamente el desordenado e incomprensible universo del pintor, producto de una enfermedad mental avasallante por la que se le tildó de el loco de Macuto. La composición, entre música, fotografía y actuación, hacen de esta película un éxito dentro del cine venezolano.
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