Nómade, vagabundo e intenso, al igual que Pablo, el hijo menor en Mentiras piadosas (2008), que empieza su viaje sin saber si alguna vez volverá; así es Diego Sabanés. Su primera película, con la que viene trabajando desde hace más de ocho años, es una obra diferente, difícil de clasificar dentro de las últimas películas del cine argentino. Mentiras piadosas es sin duda perfeccionista y delicada; pareciera ser la obra de un director consagrado pero, por el contrario, es la ópera prima de un joven cineasta que hace más de diez años atrás sorprendió con el cortometraje ¡Ratas! (1996).
Con tomas mínimas, morosos paneos, recorte de objetos que significan un mundo (la escalera, la roseta vidriada del techo) edifica el Universo-Cortázar, donde el pasado se cristaliza y la casa familiar se convierte en una cálida matriz ajena a los sonidos y las imágenes del afuera. Perfectas actuaciones en todos los integrantes del grupo y decimos todos, desde Marilú Marini, que parece haber nacido para enfundarse en esa ambigua Mamá cortazariana, ingenua y maligna, rodeada de sus queridos muñecos familiares (Claudio Tolcachir, Walter Quiroz, Paula Ransenberg), hasta la joven criada, ideal del tío Ernesto.
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