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| LOS PARANOICOS |
| Comedia / Argentina / 2008 / 105' / Primer Plano |
| Director: Gabriel Medina. |
| Actores: Daniel Hendler, Jazmín Stuart, Walter Jacob, Martín Feldman, Miguel Dedovich, Susana Falcone. |
| Guión: Gabriel Medina, Nicolás Gueliburt. |
| Música: Guillermo Guareschi. |
| Producción: Sebastián Alos, Nicolás Tacconi. |
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| SINOPSIS |
Luciano Gauna anima fiestas infantiles mientras escribe, eternamente, su primer guión. Vive en el departamento que fuera de la abuela de su amigo Manuel Sinoviek, quien inesperadamente vuelve de España para repetir en Argentina el éxito europeo de su serie para televisión, Los Paranoicos.
Manuel trae a su novia con él. Manuel es para Luciano un reflejo demasiado preciso de todo lo que él no puede ser, agravado por su personalidad avasallante y algo insensible, especialmente para el temperamento fòbico y temeroso de Luciano. Así, los intentos de Manuel por ayudarlo en su carrera, y en su relación con las mujeres, solo contribuyen a ahondar las diferencias.
Cuando Manuel se ve obligado a viajar a Chile por trabajo, Sofía se pelea con los padres de éste, en cuya casa ha quedado sola, y le pide a Luciano alojamiento por unos días. Sofía se ve atraída por Luciano, tal vez por todas esas cualidades que Manuel rechaza como débiles.
Al regreso de Manuel, la situación entre él y Sofía no es la misma. Luciano también ha cambiado, pero solo al final se decide a actuar y vencer algunos de los miedos que venía cultivando durante toda la vida.
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| COMENTARIO |
Debut en el largometraje de Gabriel Medina, Los paranoicos es una comedia de coloraciones amargas, con una factura cuidada y un relato disfrutable puntuado esporádicamente por cierta languidez (tono que resulta inevitable dado el perfil dramático del protagonista). La crítica local señalizó con acierto los rastros en esta película del cine de Martín Reijtman y Juan Villegas, además de las semejanzas que presenta Gauna con el maníaco-depresivo que interpretó Adam Sandler en Embriagado de Amor (Punch-Drunk Love), de Paul Thomas Anderson.
Es precisamente la forma en que la cámara registra el rostro de Hendler, su mirada siempre huidiza, su hablar entrecortado, su pavor, lo que permite al espectador entablar una irreprimible complicidad con la percepción ansiosa del personaje. Portentosos primeros planos, estupenda utilización de la música y una fotografía lúgubre que convierte al departamento común y corriente del protagonista en una cueva personalísima y enigmática, un espacio que nos cuesta abandonar una vez terminada la proyección.
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