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Tony Manero, de Pablo Larraín, con Alfredo Castro, Paola Lattus, Héctor Morales y Amparo Noguera
TONY MANERO
Drama / Chile-Brasil / 2008 / 98' / Bazuca Films
Director: Pablo Larraín.
Actores: Alfredo Castro, Paola Lattus, Héctor Morales, Amparo Noguera, Elsa Poblete.
Guión: Alfredo Castro, Mateo iribarren.
Música:
Producción: Juan de Dios Larraín.
Cómo ser John...Travolta

¿Quién no ha querido ser alguna vez Toni Manero? Los que ya peinamos canas tuvimos la ocasión de disfrutar del mejor y más bailongo John Travolta en clásicos imperecederos como Fiebre del sábado noche o Grease. Se ve que algunos no lo superaron, y de eso trata precisamente esta película de Pablo Larrain, auténtica revelación del cine chileno que ha arrasado en aquellos Festivales en los que se ha proyectado. Raúl Peralta, un hombre solitario y apocado, se obsesiona con ganar un concurso de imitadores de Tony Manero hasta tal punto que su locura le llevarà a robar e incluso a eliminar de formas poco ortodoxas a toda su competencia. Desde un vertiente minimalista y con un punto de sordidez manifiesta el director acierta plenamente a la hora de unir la realidad de un país donde cualquier mínima oportunidad de salir de la ruína se agarra y no se suelta, con un imaginario donde se intenta emular a los mitos del celuloide. De como la desesperación puede derivar en enajenación y de como las miserias diarias pueden funcionar de auténticas arenas movedizas nos habla este fantástico film. Asistimos impávidos al in crescendo de violencia y salvajismo de un protagonista que se ve acorralado por la limitación, y de como paulatinamente va eliminando todos los obstáculos que le impiden alcanzar su cometido. . El film se recrea en una crudeza que acentúa el caràcter amargo y sombrío de la función. Las escenas de sexo son sucias, rayando lo obsceno. Es importante pensar que hace treinta años, contexto histórico en el que se sitúa la narración,

no se podrían haber enseñado en pantalla las atrocidades que ocurrían en Chile. Ahora, y desde una perspectiva histórica, Larrain trata de explicarnos nociones como política o identidad, episodios de un pasado reciente visto a través de una memoria todavía no resuelta, un monstruo amenazante que puede resurgir en cualquier momento si no se toman las medidas oportunas. Factor importante también es la fotografía aplicada y  el tratamiento que se hace de la luz. El director contrapone unos exteriores (las calles vacías) monocrómicos que contrastan con unos interiores más vivos gracias a la luz que emana de las televisiones y el estudio televisivo. A estos interiores se les da más importancia, ya que son vitales para las relaciones de los actores. Las escenas en las que se reúnen en un mínimo local para ensayar un espectáculo inspirado en Fiebre del sábado noche, pasa de ser un lugar de destrucción (el protagonista monta en cólera al ver que el pavimento del escenario no aguanta), a un espacio de exposición, instalación y resolución del conflicto. Es de justicia a su vez resaltar la labor de interpretación llevada a cabo por Alfredo Castro (a quien pudimos ver hace poco en La buena vida, de Andrés Wood y que actuó en Casa de remolienda, de Joaquín Eyzaguirre y Secretos, de Valeria Sarmiento). Sólo él puede conseguir esa amplitud de nmatices de un personaje que de manera progresiva y a medida que avanza el metraje se va automatizando. 

Francisco Nieto
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