El principal punto de interés en esta película es el hecho de que la historia, en ciertos momentos, es una historia real. Beto existe y así es su vida. Ha trabajado siempre sirviendo a una familia y probablemente acabe sus días haciéndolo. Pero lo que más interesa de estos personajes (familia y Beto) es la relación que llevan: pertenecen a dos mundos opuestos y, sin embargo, han estado unidos casi toda la vida. Se tienen un mutuo respeto y cariño, pero sin pasar nunca de esa línea, que marca claramente sus clases sociales.
La decisión de filmarla como ficción es para indagar, justamente, en lo que puede llegar a sentir una persona que decide estar encerrada voluntariamente, llevando un vida cómoda y sin sobresaltos, y cómo se tiene que enfrentar, entonces, al mundo exterior -representado en este caso por el DF-, lleno de vida, ruido, color pero también sumergido en el caos, el peligro y la violencia.
El director, de forma bressoniana, se hace valer para el film de actores no profesionales. |