Alucinados nos hemos quedado mientras asistíamos al despelote (en más de un sentido) protagonizado por Adriana Ugarte, Nilo Mur y Biel Durán que no es sino el arranque de Castillos de Cartón, un guión de Enrique Urbizu que adapta la novela homónima de Almudena Grandes en la que se narra la relación a tres bandas entre Mª José, una estudiante de Bellas Artes atraída por Marcos, un compañero de clase que sufre de impotencia, circunstancia que aprovecha con notable descaro y no poca picaresca un tercer compañero, Jaime, que mete baza y haciéndose un favor a sí mismo (y según él, a sus dos compañeros de cama) suple el problemilla de Marcos finiquitando la tarea para pasmo del respetable y de los propios colegas. Esta escena, que así descrita parece sacada de cualquier película porno al uso, está narrada con tal inteligencia y naturalidad que uno, más allá del choque inicial, consigue creérsela por completo. A partir de aquí, Salvador Garcia Ruiz se lanza a desarrollar una de esas historias que juegan de forma constante al borde del precipicio en la que los tres implicados se dedican en primer lugar a lidiar con tan compleja situación. Conviene apuntar que estamos a principios de los años 80 y, a pesar de toda la Movida, un trío no debía ser en aquel entonces nada común. En realidad tampoco ahora, aunque nadie se rasgue las vestiduras. El primer tercio del filme describe todo el proceso de fascinación, descubrimiento (además del impotente Marcos, Mª Jose tiene problemas para llegar al orgasmo, con lo que el trío parece el protagonista de un mal chiste) y aceptación de la situación planteada, mientras que el segundo se |