Abordar el tema de la locura desde un punto de vista serio y formal es tarea ardua, ya que siempre se suele caer en el tópico de la comedia desmadrada aunque sea de vergüenza ajena (recordemos la sonrojante Frikis buscan incordiar, del televisivo Javier Cárdenas) o del drama social (Loca, de Martin Ritt, o El rey pescador, de Terry Guilliam). Abel García Roure, guionista de celebrados documentales como Cravan vs Cravan de Isaki Lacuesta o En Construcción de José Luis Guerín propone en esta Una cierta verdad aproximarse al delicado mundo de la demencia con rigor y solidez, intentando a través de las diversas conversaciones que tienen los terapeutas con sus pacientes indagar en un tipo de afección por desgracia todavía demasiado poco conocida.
El acierto absoluto de la propuesta radica en el no intrusismo del director. Cualquier otro realizador con ganas de protagonismo no hubiera dudado en ser él mismo quien tratara a los dementes para buscar el enfrentamiento directo, pero aquí se deja todo el control de la situación a los verdaderos profesionales. El film muestra la evolución de algunos de los convalecientes una vez internados en el Complejo hospitalario Parc Taulí de Sabadell o bien cuando abandonan el mismo y han de enfrentarse a la cruda realidad de los cuerdos. Paulatinamente la cámara se va centrando en aquellas historias que presentan una mayor |