| El portentoso resultado de unir madurez y talento |
Cualquier nuevo estreno de una película de Pedro Almodóvar es recibido con gran algarabía por la legión de seguidores que el director manchego congrega. La esperanza de que en cada proyecto se superará aunque ya haya filmado auténticas obras maestras implica que la expectación se multiplique por mil. Pues bien, para todos aquellos que quedaron hipnotizados con Hable con ella, sufrieron con Carne Trémula o se desternillaron con Volver, hay que decirles alto y claro que Los abrazos rotos no defrauda en absoluto.
Estamos ante una de las películas más redondas de la última década, y no me duelen prendas en decirlo. El director se gusta, y consigue embelesar y deleitar a una platea que no tiene más remedio que caer rendida a sus pies. Mezclar drama y comedia y que el resultado sea simplemente perfecto está al alcance de muy pocos realizadores, y Almodóvar es uno de los grandes. Los distintos registros que subyacen en la trama funcionan con precisión de relojero y los continuos virtuosismos de la imagen no solo se integran a la perfección en el engranaje de la trama sino que además consiguen emocionar a todo aquél que tenga un mínimo de inquietud artística. Existen ideas que trascienden de puro bellas, y momentos mágicos que dejan boquiabierto al personal. Todos los actores están sublimes, desde el más mínimo cameo (dedicados la mayoría a latroupe de chicas Almodóvar y a algún cantante bastante de moda)pasando por unos secundarios de lujo |
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(Tamar Novas, Rubén Ochandiano, Lola Dueñas, Carmen Machi) hasta el verdadero festival de la interpretación que nos ofrecen el triángulo protagonista, al que ahora nos referiremos, son dignos de destacar. El personaje de Lluis Homar está mucho mejor perfilado que en La mala educación. Pedro ha tomado buena nota de los errores cometidos en aquella irregular cinta y como rectificar es de sabios ofrece una segunda oportunidad al actor catalán, que este desde luego no ha desaprovechado. A su lado, o mejor dicho, en el reverso, otra gran actuación de quien ya nos dejó atónitos con papeles como el de Pascual Duarte, y es que José Luís Gómez borda la figura del malo de la función, tan fulminante como patético. Y por último, Penélope Cruz, sencillamente maravillosa. El director moldea a la actriz a su gusto, y ésta nos regala un abanico de interpretaciones portentosas. Si en Volver la actriz parecía un calco de Sophia Loren, aquí es Audrey Hepburn, es Marilyn Monroe, es Ingrid Bergman… El estado de gracia en que se encuentra la estrella, avalada por la avalancha de premios recibidos por sus últimas interpretaciones, junto al momento de madurez creativa del realizador, culminan en una de las obras cinematográficas más hermosas y ovacionables del cine español moderno. |