Un habitual viaje de negocios de medio día al interior del país se trasforma en otro viaje.
Al llegar a destino, Juan Desouza, descubre que el hombre que viajaba a su lado no se despierta.
Secretamente, casi como un juego, decide tomar la identidad de este hombre, inventarse una profesión, conseguir un lugar donde dormir: la posibilidad de no regresar. La posibilidad de ser otro, de ser muchos. En sus nuevos días libres, en estado de disponibilidad, el hombre realizará, sin saberlo, una suerte de travesía hacia la naturaleza y al reencuentro de sus gustos, de sus instintos básicos, intentando abrazarse a la idea de que la vida que le tocó y que eligió vivir, no es la única posible.
Pero la película trata ante todo de aquello que vive bajo la superficie. De modo incierto trata sobre la decadencia física, sobre el temor a la muerte, la propia y la de los padres, sobre el temor a nuestra paternidad, sobre el deseo físico, el reconocimiento de nuestras limitaciones y el extrañamiento que pasamos al percibir que nuestra vida va delineándose hacia un lugar que quizá no recordamos haber elegido. |