La vida personal de las heroínas no interesa tanto como el meollo de su desquite. La represalia mantiene vivo el interés por el film, y ahí Yanes sabe jugar con maestría sus cartas. Ante la supremacía física masculina antepone la inteligencia femenina, y es ahí donde el film juega sus mejores bazas. Lo paradójico del asunto es que siendo un film donde las mujeres llevan la voz cantante las mejores actuaciones nos vienen dadas sin duda por parte del elenco viril, y es que tanto Diego Luna, en un papel deliberadamente ambiguo, y sobretodo José María Yazpik, que borda el personaje de macho integral ninguneado por las protagonistas, aglutinan los momentos más afortunados de la función.
El film peca de exceso de metraje y se resiente de cierto acartonamiento, sobretodo cuando se rememoran viejos films de gángsters. Pero es indudable que Tano tiene oficio para dar y tomar, y así asistimos a una película muy entretenida, con un poso un tanto amargo ya que éste gran amante de los toros no sabe o no puede rematar la faena, con lo que las conclusiones no están a la altura de las ideas desarrolladas al inicio del film. Con todo, un ejercicio estimulante y fresco, algo atípico en el deplorable panorama fílmico al que nos enfrentamos los sufridos espectadores que aún rompemos una lanza por nuestro denostado cine patrio. |