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| EL GRAN VÁZQUEZ |
| Comedia / España / 2010 / 100 '/ Alta Films |
| Director: Óscar Aibar. |
| Actores: Santiago Segura, Mercè Llorens, Álex Angulo, Enrique Villén, Manolo Solo, Albert Vidal, Pep Sais. |
| Guión: Óscar Aibar. |
| Cásting: Pep Armengol. |
| Producción: Miriam Porté, Gerardo Herrero. |
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| CORRE LEO, CORRE |
Santiago Segura es uno de esos actores dotados de talento para interpretar cierto tipo de personajes. Como su inenarrable Torrente, Segura se mueve con seguridad en los registros que antaño recorrieran ídolos confesos como Tony Leblanc y otros en las películas de Pedro Lázaga. Y es que personajes políticamente incorrectos, vividores, caraduras y profesionales del engaño, capaces de vender a su propia madre para conseguir salir adelante, incluso aunque en el fondo tengan buen corazón, son terreno más que abonado para un cómico tan eficaz en lo suyo como Segura. Y no cabe duda que Manuel Vázquez es uno de esos personajes de los que, si uno no supiera que lo que se cuenta en la película pertenece a la realidad, resultaría poco creíble por exagerado.
Hace algunos años, en sus recomendables historietas de Los Profesionales que narraban los comienzos de los dibujantes de comics – entonces tebeos – en la España de los 60, Carlos Jiménez creó un personaje, Menéndez, que hacía cosas increíbles con tal de conseguir sacarle dinero a las propias editoriales para las que trabajaba, como mentir varias veces sobre la muerte de su propio padre. Ese Menéndez no era sino un trasunto de Vázquez, el creador de personajes míticos como Las Hermanas Gilda, Anacleto Agente Secreto o La Familia Cebolleta, que llegó al extremo de convertir su propia vida de moroso y caradura, continuamente acosado por los acreedores, en una fuente de ingresos con |
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los Cuentos del Tío Vázquez. Siguiendo ese mismo espíritu, Oscar Aibar ha llevado a la pantalla la vida de este tipo irrepetible, un profesional del engaño sin el menor escrúpulo, dotado de un talento sobrenatural para caer bien a la gente y convencerle de lo que mejor sirviera a su necesidades, amante de los pagos a plazos (que por supuesto casi nunca satisfacía) y vividor a tiempo completo hasta el punto de que llegó a mantener, en la España de aquella época, dos esposas y dos familias a la vez. Como poco. Segura, hay que reconocerlo, está estupendo en una película por momentos divertida, cuyo mejor acierto, más allá de su saludable falta de pretensiones, es una estética que mezcla de forma desprejuiciada los reconocibles tebeos con los que todos hemos crecido – un poco al estilo de lo que Fesser hizo con su Mortadelo y Filemón – y esa visión entre cutre y entrañable de esa España gris y sin embargo vitalista por la que con tanta habilidad sabía moverse un tipo tan peculiar como Vázquez, al que le plantan a un antagonista con hechuras de caricaturesco villano de tebeo (un Alex Angulo de lo más repulsivo), un jefe comprensivo hasta al aturdimiento (acertado Enrique Villén) e incluso algún coetáneo reconocible (esforzado aunque improbable Manolo Solo como Francisco Ibáñez).
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| David Garrido |
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