Si yo le cuento a ustedes que en la Sección Oficial de la Seminci hay una película española, opera prima, basada en un cómic italiano, rodada en color pero positivada después en blanco y negro con un estilo bastante a contracorriente de todas (y me refiero a todas) las tendencias actuales del cine español y que está protagonizada por Manuel Martínez, varias veces campeón de España de lanzamiento de peso, es muy probable que piensen, con toda la razón del mundo, que les quiero tomar el pelo. Pero no: eso es Estigmas, primera película del alicantino Adán Aliaga que ha sorprendido – aunque por desgracia no precisamente para bien – a la platea del Teatro Calderón esta mañana.
El problema de Estigmas es que es una película que si bien formalmente puede suscitar algún interés – su director de fotografía se afana en sacarle todo el partido posible a un primoroso blanco y negro, consiguiendo algunos planos francamente logrados – la historia no consigue enganchar en ningún momento al espectador. Al menos a ninguno de los que hemos compartido el pase de prensa esta mañana que yo sepa, vaya. Ni el personaje es lo suficientemente interesante o complejo para provocar la más mínima simpatía con su situación ni ocurre nada especialmente destacable en una peripecia que se desarrolla a |