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| PÁJAROS DE PAPEL |
| Drama / España / 2009 /110' / Hispano Fox Film |
| Director: Emilio Aragón. |
| Actores: Lluís Homar, Fernando Cayo, Roger Príncep, Imanol Arias, Fernando Cayo, Diego Martín, Javier Coll. |
| Guión: Emilio Aragón, Fernando Castets. |
| Música: Emilio Aragón. |
| Producción: Mercedes Gomero, Emilio Aragón. |
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| EL BAÚL DE LOS RECUERDOS |
En la triste España de posguerra, un grupo de cómicos se enfrenta a la vida con humor, de la mejor manera posible. Emilio Aragón debuta como director con Pájaros de papel, un trabajo presentado y perfilado como un sentido homenaje a una profesión a la que ha estado ligado durante toda su vida, como miembro de uno de los clanes artísticos más relevantes y reconocibles de nuestro país. Un impulso creativo meritorio y respetable, pero que no consigue transmitir el más mínimo ápice de vida durante sus dos horas de exasperante metraje, difuminando el objetivo de entretener a un palco final cuya composición no queda muy clara, más allá de los profesionales de las tablas o aquellos que sufrieron en sus carnes las penurias de la guerra civil. En su puesta de largo tras las cámaras, Aragón fracasa desde la misma composición de un reparto encabezado por el insostenible Imanol Arias, que con el ceño frundido y permanentemente arisco lidera un elenco en el que Lluis Homar se somete sin rechistar a sus designios y mandatos, por ser quien ha de salvar a esta destartalada troupé de ánimo imbatible pero nefasto directo;Carmen Machi luce escote y solicita más grandes jofainas para sufrir menos en silencio, mientras que el pequeño Roger Príncep, proyecto y apuesta de nuestro séptimo arte desde que se dejara inquietar por los fantasmas de Bayona, recita con infantil frescura sus lineas de diálogo.
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En un Madrid y provincia prístinos y sin una sola mota de polvo, cabalga la cuadrilla a la espera de tiempos mejores, ajenos al sopor que inunda un patio de butacas impávido ante la nulidad rítmica de una historia que vibra al ritmo de una pretenciosa y grandilocuente banda sonora. Y es que la apuesta del director se estampa una y otra vez en la búsqueda de la solución fácil, del cliché recurrente, del tópico repetitivo y del incordio constante y definitivo; quizá consciente de que hay público más allá de su círculo de pretendidos, o quizá como mera justificación de un clímax tan facilón como evidente, inventa en los últimos rollos una suerte de complot stauffenbergiano que acelera, siquiera unos instantes, el lapidario tono con el que nos aproxima a una conclusión en la que se alude, en la juiciosa y sabia mirada de su propio padre, a lo intemporal de una profesión por todos adorada. Un cierre emotivo, coherente con el espíritu fundacional de unos Pájaros de papel que pueden rebosar abisal amor y sinceridad verdadera, pero que no se sacuden en ningún momento la frialdad de quien olvida, sumergido en sus propios recuerdos, que el cine ha de invitar a soñar… despierto.
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| José Arcé, La Butaca.net |
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